Ir al contenido principal

UN DIARIO OLVIDADO(IV)

Un desvencijado cartel en la entrada anuncia el lugar, en letras grandes y coloridas, como "Centro Beit Prajim, el Hogar para los niños que necesitan uno". Ante Jake se alza un pequeño edificio de dimensiones cuadradas, grisáceo más por el paso del tiempo que por la pintura en sí, y con todas sus ventanas protegidas por una reja de hierro, seguramente para evitar cualquier posible fuga de sus internos. Son varias las cámaras de seguridad, tanto en su entrada como en los laterales, evidentemente necesarias para proteger a todos esos chicos con tan mala suerte en la vida, víctimas de abusos y adicciones que matan, vulnerables ante lo peor de la sociedad. Sin embargo, el centro sigue sin confundirse por un sitio acogedor, y mucho menos agradable para el visitante. El sugerente letrero contrasta enormemente con lo que expone, una prisión para niños, subsidiada en parte por el estado y que se publicita como el mejor y único destino para todos ellos, aunque Furman ya había investigado un poco por su cuenta y Beit Prajim, además de englobar los mismos problemas de muchos centros sociales en el país como la falta de formación y pedagogía de sus trabajadores o las pobres condiciones que presentan sus instalaciones, se suma su ubicación en la norteña ciudad de Nahariya, cercana a los suburbios,una zona con menor renta económica y más problemática en cuanto a delitos se refiere. Del trato no tiene ni idea, no hay constancia de abusos o algún otro incidente(salvó la desaparición de Yoval)relacionado con este lugar, aunque tampoco es tan difícil ocultarlo: jóvenes que saben callar y obedecer, dominados por el miedo, y conscientes de su débil posición. La sola idea que un adulto, aún conociendo la historia de ese chico o chica, les hiciera más daño con total impunidad crea un profundo malestar en él. Una rabia furiosa.
Atraviesa el umbral, sin que el guardia de seguridad, un tipo mayor y tan seco que ni responde a su saludo, le interrogue por la razón de su visita, y avanza por el pequeño vestíbulo de paredes blancas, con el fuerte olor a lejía y demás productos de limpieza impregnando el ambiente. Al fondo hay unas escaleras, de donde bajan y suben personas de más o menos edad que él, o bien chavales que, en su mayoría, no tendrán más de dieciséis años, en grupo o solos, algunos con cortes en el brazo, una cicatriz en la cara, una quemadura en la oreja. Y otros, aunque físicamente perfectos, con heridas mucho más profundas.
En la recepción, que consiste en una mesa semicircular pegada a la pared, atiende una mujer ya entrada en años, aunque concentrada en el ordenador y advirtiendo claramente que no recibirá ni al mismo jefe de Estado hasta que no termine con lo que sea que esté haciendo. Jake se limita a esperarla, frente al mostrador, al tiempo que ojea su móvil en busca de algún mensaje nuevo de Tamar o del trabajo. Lo último que quiere es que Rami lo llame para preguntarle(y probablemente porque "alguien" ya lo haya reclamado)si ha visto algún cuaderno de tapa dura y color marrón ceniza en su línea, a lo que él, con mucha vehemencia, contestará que no. También, aprovechando que la señora recepcionista se demora todavía más en sus tejemanejes, ensaya mentalmente lo que va a decir, intentado calmar sus nervios y actuar natural, sin histrionismos ni nada que levante sospechas.
Por fin, tras casi diez minutos sin aceptar distracciones, la mujer levanta la cabeza y solo con la mirada inquiere el motivo de su consulta.
-Si, hola-Jake se aclara la garganta, preparado para interpretar el papel-Me llamo Zeev Levinsky, soy un periodista del Times of Israel, vengo para hablar del caso de una niña desaparecida hace unos pocos meses, Yoval Shamir, internada en este centro...
-No hay de que hablar. Váyase de aquí.
La cortante respuesta descoloca a Jake, que igualmente no se rinde:
-Son solo unas preguntas, si pudiera... 
-¿No es Policía, no?Pues entonces le recomiendo que salga por esa puerta, sino llamo a seguridad y...
-Vale vale, ya me ha quedado claro.
Vuelve sobre sus pasos, procurando no mirar atrás, procurando no cruzarse con todos esos ojos fijados inclementemente en él, algunos cargados de desprecio, hacia ese periodista carroñero entregado al mundo del sensacionalismo que finge ser. "Joder, tendría que haber venido disfrazado·", se lamenta, mientras sale del centro.
En la calle, apoyado en su coche, se devana los sesos para hallar una nueva forma de continuar, no dejar que todo este esfuerzo haya sido en vano. Por otra parte, se reprocha lo estúpido que ha sido, por creerse que le iban a regalar información, así sin más. Seguro que han tenido que utilizar hasta la manguera y echar chorros de agua a toda la caterva de periodistas sedientos de desgracia durante muchas semanas. Su estrategia ha sido de lo más fallida, por lo que, tras comprobar que no va mal de hora, se mete de nuevo en su coche, enciende la radio, y espera. The Pixies entonan su Wheres is my Mind? dentro del automóvil, mientras Jake observa la entrada del centro, del que sale y entra muy pocas almas. Espera hasta el termino de la misma canción el primer minuto de la siguiente, Tonight, Tonight de Smashing Pumpkins. Es cerca de su estribillo cuando tres chicas, con edades no más allá de los catorce y quince años, salen al exterior y enfilan calle abajo. Visten de chándal y hablan animadamente, entre risas y muecas. Parecen hermanas incluso, con el mismo pelo oscuro, facciones morenas y aire vasto, rozando la ordinariez. El lenguaje que emplean tampoco ayuda.
El nuevo plan es muy arriesgado, puede hasta verse en un lío con las autoridades, más de uno puede pensar que sus intenciones son otras, hasta las mismas acogidas pueden dar el grito de alarma. Pero no hay de otra. Quien sabe, a lo mejor ya no es posible dar marcha atrás y regresar a su sosegada vida, abandonar todo este asunto antes de que las cosas se salgan de control. O simplemente se autoconvence de ello y se niega a dejar desamparada, más de lo que ya está, a Yoval Shamir. Sea como sea, hay que avanzar. Se baja del coche, enciende la grabadora en el móvil, y echa andar. Sigue a una prudente distancia a las chicas, que lo ignoran completamente y siguen conversando sobre la nueva canción de Eyal Golan y Eurovisión, y el guiño que les echó Moti el otro día, y que guay salir un poco. Jake se adelanta, bordea los coches aparcados en la acera y se detiene ante ellas, quienes paran de inmediato su verborrea.
-Hola chicas-saluda con la mayor sonrisa, mostrándose lo más amable que es capaz-, que tal hoy. Me presento, me llamo Zeev Levinsky y soy periodista, trabajo para el Times of Israel...
-Sí, escuchamos de ti antes-lo interrumpe la más alta, cruzándose de brazos-.Quieres saber sobre Yoval, ¿Me equivoco?
-Pues si..
-Te podemos dar información, pero queremos algo a cambio.
-¿Qué?
-Dinero para la compra, que con lo que nos dan no nos alcanza ni para pagar unas latas de Blu.
Jake mira a su alrededor. Una calle residencial, bordeada por edificios altos y antiguos, con parques en mal estado a sus pies, sin apenas transeúntes y escaso tráfico a esas horas. Teme ser visto desde una ventana, o que un coche de la Policía frene a su lado y le pregunte que demonios hace dándole dinero a unas menores acogidas por la Administración. Pero todo en la vida conlleva un riesgo, y no queda más que asumirlo. Procurando ser lo más discreto posible, saca de su billetera tres billetes de 20 shekels y se los pasa a cada una. Con una pícara sonrisa en los labios, la que lleva la voz cantante de las tres empieza a contar:
-Yoval era una poco rara, no teníamos casi nada en común con ella. De hecho, solo tenía una amiga en todo el centro, Shani, que también le gustan los libros y todo ese rollo...Le gustaba escribir, componer poemas, y, en fin, tu sabes que se presentó a ese concurso y quedó primera...
-Se volvió insoportable-interviene la segunda a la izquierda del grupo, con el gesto marcado de fastidio-.Se creía una diva de Hollywood o que sé yo, iba diciendo por allí que una editorial de prestigio la contrataría y cumpliría con su sueño de ser escritora
-Sí, todos lo comentábamos y, aunque te parezca mal, no parábamos de reírnos de ella. La "ojos de sapo" se pensaba que podría eludir su pasado, ser una chica normal y feliz con lo que hace...
-Ilusa de mierda.
Las tres se ríen, una risa que repugna a Jake, ya no solo por suponer una gran falta de solidaridad hacia una chica que ha desaparecido y podría estar en peligro, sino porque han confesado sin preámbulos que le hacían la vida imposible a Yoval, se mofaban de sus sueños, la humillaban, la dañaban más de lo que estaba. La rabia lo sacude por dentro, pero procura mantenerse en calmo, por mucho que cueste, y prosigue con tono neutral las preguntas:
-¿Sabéis que le pasó antes de llegar al centro?
-Si-la más alta deja de reír y permanece con una relajada sonrisa-, no es una historia bonita pero la nuestra tampoco. Por lo que escuché, incluso de los educadores, ella venía de una familia rica. Su padre, no sé como se llamaba, era contratista aquí, en Naharya, y su madre creo que no trabajaba. Tenía una hermana más pequeña, Yael, pero el padre murió de repente, al parecer fue un infarto, y la madre no pudo con tanto sufrimiento y se suicidó. Después los servicios sociales separaron a hermana y hermana y Yoval, pues...-su expresión se oscurece, así como el de sus amigas. Lo peor esta por venir, piensa el falso periodista.
-Yoval se fue con un matrimonio que no tenía hijos. Eran ya mayores. El esposo la violó durante los dos años que estuvo con ellos, desde sus diez hasta los doce, mientras la mujer hacía la vista gorda o incluso amenazaba a Yoval con echarla de casa si se le ocurría contárselo a  alguien. Hasta que un día el cabrón se pasó tanto con ella que la mandaron al Hospital. La Policía los detuvo y ella aterrizó aquí, en Beit Prajim, hace un par de años...
-Desgraciados, ojalá los castraran para dejarlos inválidos de por vida-su amiga aprieta los dientes y se rasca el brazo. Tiene los pelos en punta.
Jake solo reacciona con una triste mueca, pero la noticia lo destroza por dentro. Lo que más ha temido, que todavía esperanzaba porque solo fuera una suposición, un estereotipo mezquino para hablar de los adolescentes en situación de precariedad, no era así. Y estas chicas, aunque abusonas y arrogantes de frente, tampoco lo han tenido fácil. La mera mención de la historia de Yoval las ha transformado por completo, ahora se ven deprimidas por una angustia sin fin, la misma razón que las llevó(o fueron forzadas a ir)al centro juvenil, escapando de auténticos monstruos que las marcaron de por vida. Yoval era una de tantas, pero con una inteligencia claramente superior, y sueños que realizar. Una niña que no se había resignado como ellas, que se negaba a condenarse por los disgustos y la violencia que derrumbaron su infancia. Que injusta puede ser nuestra existencia, golpeándonos sin piedad, hasta agotar todas nuestras energías. Pobre Yoval...
Una sensación incómoda se abre paso en su corazón, tanta dureza lo hunde. No ve tampoco mucho más sentido proseguir con esta "conversación", por lo que opta por despedirse y "agradece" la información. Después de dar varios pasos, le llaman por detrás:
-¡Espera!
Se voltea. La más mayor, quitándose el pelo de los ojos, se encara.
-Me llamo Inbar, y estas son Tali y Denu. Si vuelves, pregunta por nosotros, no a los trabajadores, ellos pasarán de ti. Todos los chavales nos conocen.
-Gracias, lo haré.
Jake regresa hasta su coche. Comprueba con alivio que nadie del centro, a juzgar por su tranquila imagen, ha dado la voz de alarma y lo estén esperando para "pedirle" explicaciones. Antes de arrancar, lo observa una vez más. Una casa para aquellos que no tienen o nunca la han tenido. Un lugar de "paso" antes de ser adoptado por otra familia, o quizás hasta casarse. Una colección de desgarradoras anécdotas, superación diaria y profesionales que se esfuerzan para crear el mejor ambiente posible.
O un fértil campo para más monstruos.
Sin embargo, el guardia de la entrada, con el pelo largo por detrás y bastante antipático, recibiendo a todo el que entra y sale con la misma cara de pescado, le suena altamente familiar. Pero, por mucho esfuerzo mental que haga, no consigue relacionarlo.
En el despacho de Oren...
-La cinta se corta y solo queda el conductor a bordo.
-¿Creéis que fue él?
-"Hablamos" con el encargado de limpiar ayer el autobús. Jura por sus ancestros que no tocó ni vio nada.
-¿Y el conductor?¿No habéis contactado con él?
-No jefe, por eso le preguntamos.
-¡Preguntarme el qué!-da un puñetazo en la mesa, tan fuerte que tiembla el cristal de la ventana-¡Conseguid su número!¡No perdáis más el tiempo!
-A sus ordenes jefe.
Ambos, Razi el de la cicatriz y Guil el más bajito se apresuran en abandonar la sala, dejando a Oren y su lugarteniente, Yosi, solos.
-No tuvimos que haberla expuesto demasiado...
-Oren, si me permites mi opinión, no creo que hayas errado en nada. La chica iba disfrazada y acompañada de ese chico, Omer.
-Sí, y el descerebrado la dejó ir, es tan bobo que lo despistó sin ningún problema.
-Pero ella tenía puesta la peluca y unas gafas oscuras además. No temas por si alguien la ha reconocido.
-No es eso lo que me inquieta hermano-se apoya en la pared, como si le costase mantenerse en pie-.La niñata ha dejado a propósito un cuaderno con sabe que información, mira, es pensarlo y me pongo de una manera...
Da una patada a la silla, que sale volando por los aires y se estrella contra la pared opuesta. Yosi la esquiva, manteniendo igualmente el porte tranquilo:
-Quizás la Princesita tenga que arreglarlo.
Oren lo mira con el ceño fruncido.
-¿De que estás hablando?
-Jefe, escuche mi plan, por favor. Después comenteme lo que le parece...
Volviendo de la central de autobuses, de camino a casa...
Jake se detiene. No mueve músculo alguno por varios segundos, y sus ojos parecen salirse de sus cuencas. Respira aceleradamente, y desde luego no por el cansancio: las poco más de dos horas se han pasado volando, con su supervisor más callado que de costumbre y sin que le hubiera preguntado sobre diarios extraviados. Rápido enciende el móvil y busca en Google sobre el concurso literario de Naharya, convocatoria del 2019. No tarda en dar con la imagen publicada en las noticias, en el que tanto autoridades y concursantes se paran en plantel ante la cámara.
Se fija en el ganador del segundo premio, presentado como Gilad Borojovich, profesor de secundaria en Matemáticas.
Es el guardia del centro Beit Prajim, si no su hermano gemelo.
No espera un instante más e introduce en el buscador su nombre. Ante las muchas y diferentes sugerencias, hay una noticia que particularmente llama su atención, que data de abril del año pasado, encabezada por la foto del mismo sujeto y acompañada de un titular no menos revelador:
"PROFESOR DE INSTITUTO ARRESTADO POR ACOSO SEXUAL"
Continuará...

Comentarios

Entradas populares de este blog

FANTASMAS DEL PASADO

Mis padres murieron cuando yo no superaba los doce años. Ese aparatoso accidente de coche acabó con lo que más quería, en una noche de tormenta y mucho dolor, de camino a una fiesta de amigos. Me sentí, tan joven, muy sola en este mundo. Mi tía Isabel, como única tutora legal que me quedaba, me acogió en su casa, junto con sus dos hijas(su marido también había muerto años atrás). Pero esta historia no termina aquí. En absoluto. Los años de convivencia con mi tía fueron duros. Horribles. No solo que me condenaron a ser la "asistenta" de la casa, teniendo que limpiar todo y cada uno de los rincones de esa casa que me producía pesadillas, tampoco era merecedora de un trato mínimamente decente y me sentía una esclava con mayúsculas. Sus hijas me pegaban patadas mientras agachada frotaba el suelo, su madre agarraba un látigo y descargaba toda su furia en mi espalda, hasta dejarme casi inconsciente y ensangrentada. Que conste que esto no es ninguna fantasía, ni pretendo tampo...

UN DIARIO OLVIDADO(III)

El trastero de su casa es un cuarto diminuto, atestado de libros y con un escritorio de madera descolorida, con apenas espacio para colocar el ordenador portátil y trabajar en él. Jake cierra la puerta tras de sí, sitúa el cuaderno a la izquierda del portátil, con la única página escrita abierta. Está muy nervioso. Su mujer sigue arriba, recostada en la cama de su dormitorio, leyendo una novela de Amos Oz. En el resto de la casa reina el silencio, fuera parece que también. Pero Jake mantiene agudizado el oído, atento a cualquier ruido que peque de extraño. Al fin y al cabo, no sabe a lo que se puede estar enfrentando. Quizás, mientras escribe la frase en Google, se trata de una petición de ayuda, como ha elucubrado antes, una persona secuestrada cuya desesperación porque alguien la rescate de las garras de un criminal o un grupo mafioso la lleva a escribir esta críptica frase en un diario y abandonarlo en el autobús, para que alguien lo suficientemente curioso se haga con él y com...