Un desvencijado cartel en la entrada anuncia el lugar, en letras grandes y coloridas, como "Centro Beit Prajim, el Hogar para los niños que necesitan uno". Ante Jake se alza un pequeño edificio de dimensiones cuadradas, grisáceo más por el paso del tiempo que por la pintura en sí, y con todas sus ventanas protegidas por una reja de hierro, seguramente para evitar cualquier posible fuga de sus internos. Son varias las cámaras de seguridad, tanto en su entrada como en los laterales, evidentemente necesarias para proteger a todos esos chicos con tan mala suerte en la vida, víctimas de abusos y adicciones que matan, vulnerables ante lo peor de la sociedad. Sin embargo, el centro sigue sin confundirse por un sitio acogedor, y mucho menos agradable para el visitante. El sugerente letrero contrasta enormemente con lo que expone, una prisión para niños, subsidiada en parte por el estado y que se publicita como el mejor y único destino para todos ellos, aunque Furman ya había investi...
Relatos y Cuentos que se relacionan con nuestra vida, el encanto del presente