Seguí conversando contigo, en los largos y aburridos días de Universidad, en el invierno y el verano, buscando siempre un hueco en el "tiempo" para charlar con mi amigo, recomendarnos clásicos de acción como Arma Letal, hablar de la fugacidad de la vida o comentar que buenas eran las novelas del personaje Phillip Marlowe y como su autor, Raymond Chandler, conseguía reflejar una intriga y realismo tan potentes en sus historias. Estos son solo unos ejemplos de lo que hablamos durante tres años, hasta mediados de 2008.
Aún recuerdo la primera vez que me comentaste, en enero de ese mismo año, que en el medico te habían encontrado algo "malo"(una "piedrita" como decías) en tu cuerpo, tan malo que tenían que operarte y podrías estar ausente por más de un mes. Y así fue, tras un mes y medio volví a recibir noticias tuyas. No tan optimistas como esperanzaba. Me escribiste que, tras un período doloroso y angustiante en el hospital, los médicos no habían conseguida frenar esa "cosa mala" en tí y que, finalmente, tenías que recibir un tratamiento mucho más agresivo que, probablemente, acabará con eso. Todo esto me lo comunicaste en marzo.
A partir de allí los mensajes se redujeron drásticamente. Por favor, no pienses que te echo nada en cara. Comprendía perfectamente tu situación, no quería ni imaginarme por lo que estabas pasando. Solo deseaba, incluso rezaba a D-os, como creyente que era, para que te salvase de esta. Y tú, que parecías tan tranquilo en los chats, tan, como decirlo, "preparado" para lo que viniese, me animabas para que no me preocupara y, con una insistencia más que necesaria, me decías que nunca nunca hay que perder la esperanza. Siempre hay que pensar positivo, ser feliz mientras se pueda, y creo, ahora más de 11 años después desde que me lo escribiste, que era tu terapia para afrontar lo pero, puede que la mejor terapia para ello. Esperaba siempre tu conexión, casi cada tarde, anulando incluso planes que tenía para poder hablarte, para aprovechar el máximo tiempo con mi mejor amigo antes que, lo inevitable, se hiciera realidad.
Fue un 25 de junio de 2008 cuando quise contactar contigo y te mande, puede ser, 8 o 9 mensajes. Te pido disculpas por mi insistencia, pero me desesperé, la ansiedad pudo conmigo y no quería ni pensar en que podía haberte pasado...Hasta que tu madre, la mujer de la que tanto hablabas y honrabas por todo lo que hizo por tí de niño y de adulto mientras estabas enfermo, me lo dijo. Y no hizo falta que añadiera nada más.
Tan rápido como pude cogí el autobús y viaje cinco horas hasta tu ciudad. Realmente, mientras iba de camino a tu casa gracias a la dirección que, un dia, me enviste por email por si pasaba "esto", no entendía como, tras más de tres años chateando y forjando una maravillosa amistad contigo, porque nunca planeamos encontrarnos en persona, verte como realmente eras. Pero, supuse, que estábamos muy cómodos hablando de esta forma y que, seguramente, si se hubiera curado de esa "`piedrita" que destruyó su cuerpo y alma, hubieramos quedado para vernos y hablar más de cine antiguo, temas filosóficos y más libros del siglo pasado. Concluí, sin darle más vueltas al asunto, que simplemente, a ninguno de ambos se nos ocurrió. Y ya está.
Llegué a tu casa. Había mucha gente allí, quizás más de 100 personas, entre amigos y familiares, compañeros de tu trabajo de la empresa y, como no podía faltar, tu admirable madre. Viuda, apoyada en sus otros dos hijos, recibiendo a todo aquel que llegaba con lágrimas en los ojos. Yo le apreté la mano con fuerza, presentándome como era debido:
-Hola, me llamó David Fischer, y era un gran amigo de Paul. Mi más sentido pésame.
Ella, con una delicada sonrisa mientras lloraba, me dijo:
-Ah, tu eres su amigo de la computadora. Hablaba mucho de tí. Decía que eras un gran tipo.
Aquello me encogió el corazón, pero no lloré. Solo me dirigí hasta la mesa donde reposaban tus cenizas, dispuestas dentro de un jarrón de porcelana beige con detalles dorados, y ala izquierda de dicho jarrón estaba tu foto. Sonriente, con los ojos claros como el agua y la grandota nariz que te daba un aire a Larry David, el famoso cómico de la tele con el que te comparaba tanto y bromeábamos de tu "peculiar" parecido con él. Me quedé allí viéndote, quizás demasiado tiempo, como si me negara a perder a mi colega, a mi mejor compañero del Messenger, puede que el mejor amigo,a pesar de no haberlo visto nunca en persona, que he conocido en toda mi vida. Jamás volví a sentir ese sentimiento tan vacío, tan profundamente triste que experimenté frente a sus cenizas, salvo a excepción del funeral de mi abuelo, años más tarde. Es una sensación tan desmoralizadora que te aleja del presente, de tu alrededor, y te deja solo, en medio de la negritud existencial, consciente de lo transitorio que tu y todos somos, con un mismo final que, por mucho que nos aterre, seguirá siendo nuestro final, tarde o temprano. En el caso de Paul yo diría que fue demasiado pronto.
Me senté como el resto de los asistentes, escuché el discurso de John, su hermano mayor, enfatizando el gran corazón de su hermano y la gran valentía con la que enfrentó el cáncer, incluso en sus últimos momentos. Acabó sus palabras en medio del llanto, dejando el turno para un maestro de Paul, y después un amigo en representación de todos. A mí no me molestó en absoluto que no me concedieran la posibilidad de hablar, y no solo eso sino que hasta lo entendía: podría suceder que, debido a los absurdos prejuicios y estereotipos que imperan en la sociedad, que yo, su amigo del chat, hablara frente a ellos se consideraría algo "raro" y se podría crear una situación incómoda...Además, después de escuchar todos y cada uno de los discursos, pude comprobar, con la mayor emoción, que Paul nunca faltó a la verdad conmigo, y fue tan sincero como yo lo fuí con él. Era tal y como me imaginaba: una gran persona, con extraordinarias cualidades, querido por todos y muy positivo frente a la vida, incluso cuando esta se le estaba terminado. Imaginarle, con todos esos tubos de suero y máquinas conectadas a el, famélico, deteriorado físicamente, y todavía, mostrando una sonrisa a pesar de todo me partió el corazón. Tanto que, siéndome imposible comer cualquier cosa, decidí irme a la hora del aperitivo y pedí un taxi. No quería hablar con nadie, prefería llorar solo, o al menos sin mucha gente cerca. Me despedí rápidamente de su madre y partí.
El Taxi se demoraba un poco, y yo estaba impacientándome, además de sentirme incómodo por estar allí, fuera de tu casa, como si quisiera largarme cuanto antes. De repente, la puerta se abrió y me giré. Era tu madre.
Estaba sola, la veía un poco mejor que antes, menos descompuesta del dolor. Ahora ella se acercaba a mi, con una tímida sonrisa:
-Espera,no te vayas-me fijé que tenía algo entre los brazos-.Me dijo que te lo diera, ya cuando estaba a punto de morir, y que sentía mucho no haber podido reunirse contigo antes. Esperaba que algún día se lo perdonarás.
-Para nada mujer-dije, aguantándome el llanto-¿Se puede saber que es?
-Ni yo misma lo sé, y creo que querías que lo vieras solo-me dió el paquete a mí. Yo lo sostuve por un tiempo, embobado, sin saber como reaccionar.
-Que sepas, David, que mi Paul te quería mucho. Se alegraba siempre de hablar contigo, hasta pidió que le lleváramos una computadora portátil al hospital-La señora evitaba mirarme, con sus ojos húmedos y resplandecientes a la luz de la luna. Ya era de noche.
-Por favor, eramos muy amigos. Nunca lo olvidaré..
-Abre ese paquete y disfrútalo. Muchas gracias por venir.
Tu madre volvió a la casa. Yo me quedé allí, mirando al vacío, hasta que me "despertó" el claxon del taxi, que acababa de llegar.
-A la estación de autobuses por favor.
-Marchando.
Mientras nos alejábamos de allí, abrí el paquete con la llave de mi apartamento. Hurgué dentro y saqué, primero un DVD de Arma Letal 4, la única que me faltaba por ver. Me quedé impresionado, pero me di cuenta que había algo más. Extraje, para mayor sorpresa, la novela La Conjura de los Necios de Kennedy Toole, la que tanto deseaba leer desde hace mucho tiempo. Junto al libro había pegada una nota. La leí:
"A pesar de estar tan lejos ahora, espero que lo disfrutes y, al menos, me recuerdes de alguna forma. Te quiero colega, un abrazo de Paulxx de Messenger ; )"
Fue en ese instante que rompí a llorar, me deshice en lágrimas, solloce y hasta pegué algún chillido que, todavía hoy, me resulta extraño que el taxista respetará tanto mi intimidad. Me quede pegado a la ventana, contemplando los grandes rascacielos de acero y hormigón, las calles atestadas de gente, que inspiraban un ambiente veraniego y festivo, propio de la época. Seguí llorando, sin embargo, a pesar de la enorme tristeza que me consumía, estaba alegre por haberte conocido, haber intercambiado tanto juntos y, si estás oyéndome, si verdaderamente existe un cielo desde donde se contempla todo y a todos, que sepas que no solo te recuerdo cada vez que veo la película y leo el libro que me regalaste. Te recuerdo en mi corazón, en muchos momentos del día a pesar de que ya han pasado tantos años y experiencias. Fuiste más que una amistad de Chat. Quizás nunca volví a tener otro amigo como tú, con el que conecté tanto a pesar de la distancia y la falta de cercanía física, pero eso que más da. Te echo de menos colega, espero que podamos vernos alguna vez, en el Más Allá si existe, y poder seguir hablando y compartiendo. Se despide de tí, con un gran abrazo por supuesto, el usuario 2white de Messenger.
Adiós Paulxx, fue todo un placer.

Comentarios
Publicar un comentario