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MOTOS DEL DESIERTO


A su paso levanta el polvo del desierto. Va veloz por la autopista, recta y sin desviaciones, que atraviesa el árido páramo. Con sus guantes de cuero negro sujetando el volante, las gafas de sol negras ante el cegador sol y su bigote, alargado y blanco, que le da un aire de general francés de la Primera Guerra Mundial, recorre el mundo el típico motorista con aspecto de rockero, enfundado en su chupa negra y con pantalones del mismo color ajustados, y la bota grande de Cowboy pisando el acelerador. 
Sin pasado al que regresar, con un presente en continuo movimiento y un futuro de lo más incierto, con la moto viaja por el Medio Oeste Americano, solitario en su travesía, hasta procurando beber solo en los bares de carretera que de tanto en tanto visita, pidiendo siempre al barman de turno lo mismo: un whisky bien cargado.  Y, mientras empina el codo en la barra, suena una música Country desfasada de fondo, que le hace recordar viejos y bellos tiempos, los cuales nunca más regresarán. El ambiente de estos bares es de lo más "variopinto", conformado por motoristas atormentados como él, camioneros en busca de alcohol y compañía y gangsters locales y despiadados. Nadie habla con nadie, todos se respetan y cada uno se ocupa de sus asuntos, ya sea entregar la mercancía a San Luis a tiempo o "liquidar" a unos cuantos rivales en el mercado de la droga. 
Más tarde el motorista continúa su senda, hasta bien entrada la noche, hasta que su cuerpo pide descanso y él, obedeciéndole, se dirige a un motel perdido en el largo camino través de la América Profunda y misteriosa. Tumbado en la cama, con apenas una muda de pijama como el único equipaje que posee, se queda un buen rato observando el techo, como si buscara respuestas, como si realmente deseara una vida más sedentaria y no tan nómada, como si echara de menos una familia. El hombre, incapaz de conciliar el sueño, decide levantarse y encenderse un cigarrillo. Asomado a la ventana, con pitillo en mano, fuma intermitentemente, escupiendo el humo como si le desagradara, en esta noche llena de estrellas, silenciosa, oculto tras las sombras para poder reflexionar con calma, como siempre hace antes de sus viajes, sobre su vida y el sentido de seguir existiendo. En el oscuro horizonte no encuentra respuestas, tampoco en el suyo.

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